LOS INCREÍBLES PALACIOS FLOTANTES DE CALÍGULA

En el siglo I de la Era Cristiana, el emperador romano Calígula mandó construir dos lujosos y enormes barcos cuya tecnología superaba todo lo conocido hasta el momento.

Tras su muerte, se intentó condenar al olvido todas sus obras, incluidos sus dos colosos barcos, pero pese a que llegaron a considerarse un mito, fueron rescatados del fondo del lago diecinueve siglos después.

Imagen de uno de los pecios rescatados
Calígula el megalómano

Déspota, cruel, sanguinario, excesivo y psicópata así ha definido tradicionalmente la historia a Cayo Marco Germánico, más conocido como Calígula (sandalitas), calificativo que se le puso porque acostumbraba desde pequeño a llevar un tipo de calzado que era propio de las legiones: las calige.

Cuando Calígula llegó al poder el pueblo esperaba mucho de él, pero muy pronto fue temido y odiado por todos. Por eso,  tras ser asesinado por su propia guardia pretoriana tan sólo cuatro años después de haber sido proclamado emperador, el Senado, en ese mismo año 41 d.C., dicta una condena reservada a los personajes que habían resultado nefastos para el Estado: la damnatio memoriae, un edicto mediante el cual se da vía libre para eliminar cualquier registro oficial del condenado al olvido en anales, inscripciones, estelas, monumentos, estatuas, mosaicos, etc.

Reproducción
Por eso, muchas de las obras que Calígula había promovido desaparecieron ya que se consideraron fruto de la desmesura y el derroche propios de su locura megalómana.

Calígula fue también un emperador caprichoso. Uno de esos costosos caprichosos fueron dos magníficos y descomunales navíos de recreo que ordenó construir en el lago Nemi, un lago volcánico a escasos 30 kilómetros al sur de Roma.

Estos barcos, también fueron postergados al olvido. Tras su destrucción, los barcos de Nemi nunca más se volvieron a mencionar ni siquiera en las fuentes clásicas. Sin embargo, de vez en cuando los pescadores de la zona sacaban a la superficie objetos antiguos enredados entre sus redes, y ello alimentó una leyenda popular sobre la existencia de barcos de dimensiones colosales y de tesoros en el fondo del lago.

Pieza rescatada
Desaparecieron de tal forma que no se volvió a saber y hablar de ellos hasta quince siglos más tarde, durante el Renacimiento.

El misterioso Lago Nemi

Calígula solía escapar con su corte del bullicio de la capital a su villa a orillas del lago Nemi para entregarse, dicen, a sus sádicas pasiones. Se cuenta que había desarrollado una extraña obsesión por el ritual sexual del culto a Diana que realizaba en Nemi.

El Lago de Nemi había sido un lugar enigmático y misterioso desde tiempos remotos y era conocido por los romanos como Speculum Dianae, “El espejo de Diana”. Circulaban numerosos mitos y leyendas entre aquellas colinas cubiertas de neblina, bosques y pendientes sobre el culto a Diana cuyo santuario se encontraba en la orilla meridional del lago. Este culto estaba asociado a sensuales rituales de iniciación y transformación.

Parece que estas prácticas anidaron en la depravada mente de Calígula que transformó aquel ritual en su particular baño de sangre y perversión, combinando deseo y muerte, bajo la apariencia de culto religioso. Su debilidad por el mar y las embarcaciones hicieron el resto para que pusiera en marcha su ambicioso proyecto de construcción de dos fabulosos barcos, que hoy figuran entre los más grandes del mundo antiguo, para llevar a cabo sus sádicos planes.

Pieza rescatada
Dos palacios flotantes

No fueron en absoluto barcos normales. El emperador mandó construir a los mejores arquitectos e ingenieros romanos los barcos mas lujosos, majestuosos e innovadores que el mundo antiguo hubiera visto, dotados de una tecnología nunca hasta entonces conocida.

Según Suetonio, historiador romano posterior a Calígula, éste ordenó la construcción de estas dos enormes barcazas de recreo en su villa imperial del lago Nemi, hacia el año 37 de la era cristiana.

Al parecer, Calígula quiso emular  las barcazas de recreo helenísticas con la intención de superar a los antiguos reyes ptolemaicos y deslumbrar al mundo. 

Fueron dos auténticos palacios flotantes que surcarían el lago a mayor gloria del emperador y sus invitados concebidos para el recreo con grandes columnas, esculturas, techos dorados, suelos de mármol, jardines, exquisito mobiliario y un sistema propio de conducción de agua fría y caliente, calefacción y baños, entre otros lujos.

Los requisitos para la construcción de los buques eran extremadamente difíciles ya que debían ser lo suficientemente anchos como para equilibrar toda aquella superestructura pesada de su interior. La tecnología y los mecanismos empleados no eran comparables con nada visto hasta entonces, al igual que sus dimensiones. Todo en ellos era revolucionario.

Fotografía del rescate de los barcos
Uno de los barcos fue proyectado como un templo dedicado a la diosa Diana (71,2 metros de eslora, largo, por 20 de manga, ancho). El otro, al que llamó “Siracusa” (73 de eslora y 14,4 de manga), era propiamente el palacio flotante concebido con el único propósito de este satisfacer la egolatría de Calígula.

La recuperación de los colosos

La “damnatio memoriae” podría haber cumplido perfectamente su función y haber hecho de los dos fabulosos barcos tan sólo un mito. Pero los ecos de las naves nunca se apagaron del todo entre los habitantes de Nemi, debido a que los pescadores continuaban sacando objetos en sus redes que testificaban que algo había bajo las aguas del lago. Este eco floreció durante el  Renacimiento.

En 1446, el cardenal Prospero Colonna, dueño entonces de las tierras de Nemi, fue el primero en tratar de comprobar la veracidad de la tradición local y hablar de recobrar los barcos. Para ello, confió la investigación al humanista e ingeniero León Battista Alberti, quien encargó la exploración del fondo del lago a los marangoni, buceadores profesionales de Génova. Éstos vieron un único barco de proporciones insólitas y para tratar de reflotarlo se construyó una plataforma flotante con máquinas dotadas de ganchos. Pero sólo se logró arrancar una parte del mismo, que se expuso durante años en Roma.

Fotografía de la época del rescate
A partir de este pequeño éxito se sucedieron los intentos de hacer emerger la nave, que se creían obra de Tiberio o de Trajano. 

En 1535 Alejandro de Médici encargó a Francesco de Marchi la inmersión en el lago mediante un artilugio inventado por Guglielmo de Lorena que permitía llevar esta a cabo por espacio de una hora. De Marchi en Della architettura militare escribió que logró extraer «tanta madera como para cargar dos mulos», además de «numerosos clavos de metal, tan brillantes y enteros que parecían fabricados aquella misma semana». Además de la quilla de la nave, de madera de ciprés, pino y alerce y recubierta con planchas de plomo y lana embadurnada de pez, vio en su interior suelos de ladrillo y esmalte y restos de algunas estancias a las que no pudo acceder.

 En 1827, por iniciativa de Annesio Fusconi, ocho buceadores se sumergieron en una de las famosas campanas Halley, invento novedoso y recién estrenado movida desde la superficie por cinco grúas, para llegar  bajó hasta las profundidades del lago. Durante veinte días extrajeron «dos medallones de pavimento, trozos de mármol, esmaltes, mosaicos, fragmentos de columnas metálicas, clavos, tuberías de terracota, además de numerosas vigas de madera que el propio Fusconi vendió en forma de bastones, pitilleras o souvenirs varios para financiar un proyecto que acabó apenas cambiaron las condiciones atmosféricas. Sólo consiguieron sacar pedazos, pero dañaron seriamente las estructuras.

Lago Nemi
En 1895, el gobierno italiano promovió una nueva exploración de los restos bajo dirección de Elisseo Borghi. Con buceadores profesionales se corroboró la posición del barco. La popa estaba sumergida a siete metros de profundidad, mientras que la proa se hallaba encallada a 14 metros. Los arqueólogos comprendieron que cualquier intento de extraer la nave por medio de grúas conllevaría su inmediata destrucción. Pero se produjo una novedad: apareció el segundo pecio, a unos cientos de metros de distancia y a 19 de profundidad. Se llegó a la conclusión de que el único medio de rescatar las naves era desecar parcialmente el lago.

Este proyecto se consiguió llevar a cabo en 1927 mediante grandes centrifugadores y  bajo la atenta mirada del dictador Benito Mussolini, quien sentía pasión por la antigua Roma y empeñado en asociar la idea a la  exaltación del nacionalismo italiano.

Las aguas del lago fueron aspiradas, con los planes del ingeniero Malfatti, y llevadas a un conducto subterráneo de 1.650 metros usado en época romana para regular el nivel de las aguas y mantener a salvo al vecino santuario de Diana.

Calígula
Durante la vasta operación, llevada a cabo e 1927 a 1932, se movieron más de 40 millones de metros cúbicos de agua, y tras diversas peripecias, se lograron recuperar los restos, casi intactos, de ambos navíos diecinueve siglos después de su desaparición-

Lo que apareció en el fondo sorprendió al mundo entero, dieron testimonio e su grandiosidad y se rescribió la historia de la arquitectura naval y artefactos náuticos. Con el hallazgo, también  cambiaron las creencias sobre los barcos del mundo antiguo.

Después de algunos trabajos de restauración, las dos barcos fueron expuestos al público en el gigantesco Museo de las Naves, construido al mismo tiempo en Nemi, pero sólo pudieron admirarse algunos años.

La noche del 31 de mayo de 1944 un enorme incendio, alimentado con la madera de los barcos,  los dejó convertidos en cenizas. Algunos culparon del desastre a destacamentos alemanes en retirada por el avance aliado sobre Roma durante la Segunda Guerra Mundial; otros, a ladrones que buscaban el plomo de las embarcaciones.

Rescate de los barcos
De las gigantescas naves de Calígula sólo se salvaron los bronces más preciados, que poco antes se habían puesto a salvo en Roma, donde aún hoy se exponen.

Mediante estudios realizados antes de su destrucción definitiva, los barcos estaban increíblemente bien conservados, se comprobó que no habían sido construidos para navegar en aguas abiertas. Entre sus sorprendentes descubrimientos, además de gran cantidad de lujoso material de ornamentación, se halló un ancla de brazos movibles, de más de dos metros de largo; , y una llave de paso cónica de bronce para controlar el flujo del agua que formaba un sello hermético sin necesidad de juntas; cabezas de bronce de animales para amarrar los barcos más pequeños; y una plataforma con rodamientos, cuya invención hasta entonces se había atribuido a Leonardo da Vinci. Todo ello llevo a los arqueólogos a pensar que los barcos eran simplemente de placer. Una teoría más reciente mantiene que los buques estaban relacionados con el misterioso culto a Isis, del cual Calígula era fervoroso admirador (durante su reinado cuando se estableció en Roma la fiesta de Isis).

En 1996 un grupo llamado Dianae Lucus comenzó a desarrollar planes para hacer replicas a tamaño real de los buques de Nemi.

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