MIGUEL HERNÁNDEZ: UNA RELACIÓN NADA IDÍLICA CON LA GENERACIÓN DEL 27

Miguel Hernández nunca fue un intelectual, aunque sí una persona de gran talento.

Tampoco fue un pobre pastor autodidacta, sino un niño que fue a la escuela durante diez años.

Miguel Hernández
Un mito interesado

Según sus biógrafos, los documentos encontrados a lo largo de los años  coinciden en desmontar el mito de Miguel Hernández como un poeta cabrero y autodidacta . Así, se sabe que él estudió durante 10 años, algo nada frecuente entre los vecinos del barrio de Orihuela donde vivía.

Cuanto tuvo que dejar de estudiar por circunstancias familiares y dedicarse al pastoreo (su padre tenía un negocio de compra y venta de ganado), durante escasos cinco años,  Miguel Hernández ya traducía latín y leía francés. Pero aún así, en esta etapa, nunca dejó de escribir y de leer, sobre todo poesía.. Miguel Hernández no concebía la vida sin escribir, y siempre quiso ganarse la vida como poeta, 

Estos años le sirven al joven poeta para ir adquiriendo experiencia y preparación hasta que un buen un día decide trasladarse a Madrid con el objetivo de que alguien lea sus poemas y puedan ser publicados.

Tampoco fue criado en la miseria, no venía de una familia pobre, aunque sí austera. Igualmente, no fue nunca un hombre angelical, sino de carácter y apasionado con las mujeres y sus creencias.

Madrid

Llega por primera vez a Madrid en 1932 y allí permanecerá seis meses, pero al no conseguir ningún medio por el que mantenerse regresa a su pueblo. Allí encuentra trabajo en un comercio propiedad del padre de su amigo Sijé, pero no por eso deja de escribir, En ese tiempo, consigue publicar su primer libro Perito en lunas.

García Lorca
Poco después encuentra trabajo en una notaría y, además, escribe la pieza teatral titulada La danzarina bíblica, sin abandonar su obra poética.

Con este bagaje y unos pocos ahorros Miguel decide hacer un nuevo viaje a Madrid (marzo 1934) donde permanece más de un mes. Ahora le salen mejor las cosas. Se entrevista con José Bergamín, que dirigía la revista católica Cruz y Raya, y le promete editar su auto sacro adelantándole dinero por los derechos exclusivos.

Vuelve a Madrid en julio de ese mismo año. Este nuevo paso le sirve para comenzar a codearse con la intelectualidad madrileña. Conoce a María Zambrano, José María de Cossío (su gran mentor), a Luis Felipe Vivanco y a Luis Rosales (estos dos últimos falangistas). También conoce a Pablo Neruda, la persona que más influirá en él políticamente.
  
Con estos contactos y con la alegría de ver que ya comienza a ser conocido y valorado, regresa de nuevo a Orihuela donde sigue trabajando y viendo sus obras publicadas en varias revistas.

Rafaél Alberti
Realiza un cuarto viaje a Madrid donde vuelve a encontrarse con Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco que intervienen en su favor ante Federico García Lorca para que éste le ayude a estrenar su obra de teatro El torero más valiente en homenaje a Ignacio Sánchez Mejías, pero del poeta granadino no obtendrá ningún tipo de respuesta. Regresa a Orihuela.

Entre tanto la situación política en España se complica, pero Miguel en su pueblo sigue trabajando, pero no ve avances para que su obra sea conocida.. Por ello, viaja una vez más a Madrid. En esta ocasión conoce al poeta falangista Eduardo Llosent Marañón que quedó «deslumbrado por el talento de Miguel Hernández», y también a la pintora Maruja Mallo (con la que llegaría a tener una relación amorosa) y a José María de Cossío, director literario de la enciclopedia Los toros, que le ofrece trabajar con él algo que él acepta de inmediato viendo en ello la posibilidad de seguir en Madrid.  Este trabajo le lleva una gran parte de su tiempo, pero no por eso deja de escribir.

Después de haber publicado El rayo que no cesa, la Elegía, a su amigo Sijé, y varias colaboraciones en la Revista de Occidente y en Caballo Verde, Miguel ya comienza a ser de sobra valorado hasta tal punto que Juan Ramón Jiménez le dedica un extenso artículo en el periódico 

Neruda
La guerra y la muerte

En el verano de 1936 estalla la Guerra Civil. Miguel, afiliado al Partido Comunista desde hace un tiempi, sigue inmerso en un mar de dudas y no sabe qué hacer. Finalmente decide enrolarse en el Quinto Regimiento y sale para el frente donde le encomiendan la labor de hacer fortificaciones. Ingresa después en el Batallón de “El Campesino” que le permite ir con frecuencia a Madrid donde sigue con sus contactos con gente de las letras que le sirve para enrolarse en la 1ª Brigada Móvil de Choque que era la encargada de la difusión de la cultura, no incompatible con su nombramiento de comisario político.

A pesar de los difíciles momentos se acerca a Orihuela y le pide a su novia Josefina, con la que había tenido diversos altibajos, que se case con él, algo que hacen el 9 de marzo de 1937 en una ceremonia civil.

Miguel acude a Valencia para participar en el II Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura y comienza a escribir su obra Pastor de la muerte. El poeta sufre de grandes dolores de cabeza, lo que le obliga a hacer una vida tranquila. Una vez superados emprende viaje a Rusia, donde pasará más de un mes, para estar presente en el V Festival de Teatro Soviético. A su vuelta, se encuentra con la sorpresa de que se han publicado sus obras Teatro en la guerra, Viento del pueblo y El labrador de más aire. 

Algunos biógrafos dicen que a su regreso de Rusia Miguel ya no iba a ser el mismo. Llega cansado y su estado de salud no es del todo bueno lo que le obliga a un descanso, en esta ocasión en la localidad de Cox en casa de la abuela de Josefina. Es en este lugar donde nace su primer hijo, Manuel Ramón. A partir de aquí la salud del poeta empeora, además, pierde a su hijo que aún no había cumplido un año. Un nuevo hijo nacería meses después, al que llamarán Manuel Miguel, que llega cuando la guerra está tocando a su fin y cuando se publica su obra El hombre acecha. 

Aleixandre
Ante el cariz que toman los acontecimientos, su viejo amigo José Mª de Cossío le aconseja que abandone España, pero Miguel, después de un intento de refugiarse en la Embajada de Chile, decide trasladarse a Cox  Luego pasa a Portugal, pero la policía lo entrega a las autoridades españolas y es entonces cuando comienza su calvario de prisión en prisión, aunque también durante este tiempo sigue escribiendo.

Primero ingresa en la Prisión Provincial de Huelva, a los pocos días lo llevan a la de Sevilla y a continuación a la cárcel de la calle Torrijos de Madrid. El poeta trata de pedir ayuda a toda costa. Sus amigos Cossío y el falangista Eduardo Llosent le consiguen un abogado. Sorpresivamente, el Gobernador Civil de Madrid ordenó su libertad el 8 de septiembre de 1939.

Sus amigos le insisten otra vez que salga de España, pero él regresa a Orihuela. Pero allí la mala suerte se ceba de nuevo con él. Es denunciado y vuelto a detener.  Se le forma Consejo de Guerra el 18 de enero de 1940 donde se le acusan, entre otras cosas, de haber sido comisario político, de haber intervenido en acciones bélicas contra el Santuario de Santa María de la Cabeza y de haber sido miembro activo de la alianza de intelectuales antifascistas. El veredicto es de «pena de muerte».

Nuevamente algunos de sus amigos intentan evitar un trágico final. Parece ser que quienes lo hacen con mayor ahínco son los falangistas Rafael Sánchez Mazas y José Mª Alfaro que acompañan a José Mª de Cossío a visitar al general Varela a la sazón ministro del Ejército. Este, junto con Sánchez Mazas, se entrevistan después con Franco y el 25 de junio. El resultado es la conmutación de la pena impuesta por la de treinta años.

Maruja Mollo
Otra vez comenzará un rosario de traslados de prisión en prisión. El poeta enferma. Cuando está en la prisión de Ocaña recibe la visita de Cossío y de Dionisio Ridruejo que iba acompañado por los falangistas que componían «el grupo de la revista Escorialis, quienes al parecer tenían la intención de hacer cambiar al poeta su posición ideológica ofreciéndole, incluso, la libertad si accedía a ello. Miguel Hernández se indigna con sus amigos, especialmente con Cossio al que deja de hablar.

A mediados de 1941 a Miguel Hernández lo llevan al Reformatorio de Adultos de Alicante donde cae enfermo de tuberculosis. Algunos amigos, entre los que se encontraban los falangistas Manuel Augusto García Viñolas y Pedro Laín Entralgo, hicieron gestiones para que el enfermo pudiera ser trasladado al Sanatorio de Valencia donde se trataba este tipo de dolencia. No se consigue el traslado a su debido tiempo porque la orden llega cuando ya estaba desahuciado. Pocos días antes el poeta decide contraer matrimonio canónico con Josefina, no por su gusto sino por ella. El poeta fallecía en la madrugada del 28 de marzo de 1942.

Los amores de Miguel Hernández

En su vida hubo cuatro mujeres, al margen de Josefina Manresa -su esposa-. No se puede entender su poesía de juventud amorosa sin Carmen Samper Reig, que durante más de 50 años mantuvo en silencio esta relación, y fue su verdadero amor hasta antes de conocer a Josefina.

María Cegarra
Cuando se trasladó a Madrid, surgió otra mujer, Maruja Mallo, verdadera musa de El rayo que no cesa. Y a ésta le sucedió una relación espiritual con María Cegarra. Con María Zambrano tuvo una relación corta pero intensa, y rompió los límites de la amistad. Los dos venían de varios fracasos amorosos, y todos los domingos por la tarde quedaban en tertulias literarias y paseaban por Madrid.

Miguel Hernández y la Generación del 27

Pero existen otros muchos tópicos sobre Miguel Hernández,  como por ejemplo, su idílica relación con la generación del 27. Sin embargo, sus biógrafos reconocen que sufrió el desprecio y rechazo de muchos intelectuales de la época, empezando por Federico García Lorca, siguiendo por Alberti y pasando por Luis Cernuda. Sólo hubo dos casos que intentaron acercarse a él, Vicente Aleixandre y Manuel Altoaguirre.

El joven Miguel Hernández, aunque nacido en 1910 y por lo tanto más joven que los autores del 27, llega a Madrid con su halo provinciano y choca con este grupo de poetas burgueses que por diversos motivos no admitían más socios, y sobre todo a un tosco muchacho de provincias.

Pero Miguel Hernández empezó a hacerle sombra a Lorca y este no lo podía soportar. Lorca, al parecer, dio órdenes expresas de que no le dejaran entrar donde él acudía. El desprecio era literario y personal. Dicen que Lorca tenía alergia a Miguel Hernández porque no soportaba a los rústicos, a aquellos que no se cuidaban y no mostraban un aspecto burgués.

María Zambrano
Tampoco Alberti soportó nunca a Hernández porque le robó la etiqueta de poeta del pueblo. Y es que Miguel Hernández le recriminó pasar la guerra abrigado en la sede de la Alianza de Intelectuales en Madrid y no en la primera línea de fuego jugándose la vida. También porque durante la Guerra Civil Hernández irrumpe un día en el edificio de la Alianza y al ver el festín que se estaba preparando no pudo ocultar su enfado ante lo que él creía un gran derroche mientras otros camaradas morían en los campos de batalla. Así, el poeta de Orihuela, dirigiéndose entonces a Alberti se cuenta que le dice: «Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta». Al parecer, estas palabras fueron escuchadas por Mª Teresa León, mujer de Alberti, quien muy enfadada se dirige a Hernández y le espeta: «No tienes ningún derecho a hablar así de una mujer y extender ese juicio a todas las mujeres de la Alianza. Eso no es de hombres.». A continuación le dio una bofetada.

Por el contrario, Aleixandre y Neruda hablan siempre de Hernández como una  persona muy humana.

Miguel Hernández y su obra

A pesar de que se le integra dentro de la Generación del 27, la creativa de Hernández está alejada de ellos ya que está profundamente anclada en su vida y experiencia personal.

Su interés acaparó varios géneros. Escribió poesía, teatro e incluso crónica periodística. Sus libros de guerra y el Cancionero y romancero de ausencias pertenecen a la historia de la poesía de resistencia europea. Supo resolver el compromiso con la altura poética, y esto es lo que da trascendencia a la poesía de Hernández.

Después de su muerte, en 1942, vino el silencio y la ocultación, su "infravaloración" como poeta. En los años 50 se le rescata, pero sólo como símbolo de la izquierda y se elige lo más beligerante de su obra.

Sin embargo, los estudiosos de su obra señalan que no se conocen todos los libros de poesía de Hernández y que aún queda pendiente su reconocimiento.


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